El duelo de la migración. Un proceso para aprender a reinventarnos .
- sirleneramirezs

- 20 jul 2019
- 2 min de lectura
Actualizado: 28 oct 2019

El proceso de la migración genera como ya se ha descrito una gran gama de emociones y reacciones en nuestras vidas y estas dejan improntas en nosotros.
Cada uno de nuestros pensamientos, emociones y acciones generan huellas, marcas o impresiones en nuestro ADN, en nuestras células, tejidos y órganos; cuando vivimos bajo el miedo, perdemos energía vital, permitimos que se desencadenan reacciones y respuestas celulares que van lentamente quitándonos la capacidad de defensa y equilibrio.

El miedo como emoción evolutiva nos prepara para la huida, para la defensa, y estimula nuestros sentidos al máximo estado de alerta, sin embargo, si permitimos que se haga constantemente presente en nuestras vidas nos paraliza, nos desgasta y agota nuestras capacidades. Genera un estado de agotamiento y vacío constante, permitiendo así el asentamiento de enfermedades crónicas incluso del cáncer. Las huellas que dejan en nuestras células son de tal magnitud que terminan implantando en nuestro inconsciente el deseo de morir, perdiendo el interés por la vida, desconectandose de la realidad. Viviendo en el pasado, atados.

Esta emoción desencadena en nuestro cuerpo reacciones, al mantenerse en el tiempo generan cambios a nivel celular, desde la antigüedad se relaciona con desequilibrio en la producción de los “humores” o fluidos, tales como cálculos renales, cálculos en la vía biliar, trastornos pancreáticos, entre otros.

Aprender a conocer y entender esos miedos es un gran reto, es vital para avanzar y lograr el estado deseado; analizando el pro y el contra de la situación que lo genera y las posibilidades que tenemos de cambiar esa realidad de transformarla en la realidad deseada.
Podemos tener miedo y empoderarnos con su energía transformándola en potencia para activarnos, para sincronizarnos con el momento, percibir y visualizar las posibilidades de avanzar; así logramos utilizar y aprovecharnos, usarlo como combustible y acelerador en nuestras acciones.

Otra emoción que suele dejar grandes huellas y paralizar nuestras vidas es el odio, el rencor, esas deudas que no hemos decidido saldar, es una gran maleta que pesa y paraliza; nos ata al pasado esclavizandonos impidiendo avanzar y fluir en nuestras vidas. La voluntad de salir del abismo que esta realidad implica va a estar potenciada por la capacidad de comprender que alimentando el odio y el rencor los únicos castigados y esclavos somos nosotros mismos, no la persona que originó o despertó este sentimiento. De inquisidores y jueces pasamos a ser presos. Por ello la decisión y acción de perdonar nos libera, finalmente podemos entender que perdonar es la mejor estrategia para avanzar y borrar las improntas o huellas que se han tatuado en nuestro cuerpo. Es un proceso que lleva el tiempo y la profundidad que cada uno necesita, para pasar la página y cerrar capítulo.
@sirleneramirez


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